María Crespí se formó en psicomotricidad para completar sus estudios de logopedia. Tras años de diversas formaciones y experiencia como madre adoptiva, trabaja en la universidad Francico de Vitoria impartiendo formación a personas con discapacidad. Nos cuenta como la psicomotricidad le cambió su forma de acompañar.
Entrevista María Crespí – Logopeda y ex alumna de Psicopraxis
Han pasado más de 20 años desde que estudiaste en Psicopraxis. ¿Qué recuerdas de aquella etapa y qué te llevó a formarte en psicomotricidad?
El máster en psicomotricidad fue una formación inesperada en la forma. Estaba acostumbrada a clases muy teóricas y me encontré con una formación totalmente práctica que se convirtió en una experiencia muy personal. En ella aprendes de dónde vienes y la relación de cada uno con los demás, entre otras muchas cosas. Hicimos prácticas poniéndonos en el papel de los niños, de las familias…una formación 360 muy completa, en cuanto a contenidos y metodología. Aprendí cosas de los formadores que sigo utilizando, y sobre todo la importancia de que la formación fuera siempre en el aula de psicomotricidad. Fue una época muy bonita, me enamoré de la psicomotricidad.
Tú venías de la Logopedia. ¿Qué necesidades detectabas entonces en tu práctica profesional que te hicieron acercarte a la psicomotricidad?
La formación en logopedia toca muchos palos, pero deja abiertas muchas puertas. En el mundo de la docencia y el acompañamiento nunca puedes dejar de aprender. La persona que tienes delante, no solo tiene una dificultad a nivel logopédico, es una persona que está en relación con otras, tratar solo lo logopédico sin mirar lo demás pierde sentido. Aunque no sea experta en esas áreas, necesito conocer el contexto porque a lo mejor necesito otro especialista, o el tratamiento que estoy utilizando hay que orientarlo desde un punto de vista u otro, apoyarme más en la familia…. La logopedia no deja de ser movimiento y sentía la necesidad de completarlo con ese movimiento motriz más grande, la psicomotricidad.

Después de formarte trabajaste en gabinetes, como profesora y orientadora en un colegio. ¿Cómo influyó la psicomotricidad en tu manera de trabajar con niños y acompañar su desarrollo?
Cuando trabajas un problema en logopedia, no trabajas por ejemplo solo una dislexia, trabajas con una persona que tiene unas emociones, una manera de relacionarse con el entorno, es decir es profundizar en una mirada más amplia buscando un desarrollo integral.
También impartes formación a jóvenes con discapacidad en la Universidad. ¿Qué has aprendido tú de esta experiencia?
Llevo tres años con chicos con discapacidad cognitiva y trastorno del espectro autista en el entorno universitario. En mis inicios trabajé con chicos con discapacidad con parálisis cerebral, espectro autista, pero sobre todo en momentos de ocio o rutina. En ámbito más académico, con chicos entre 18 y 30 años, te das cuenta que el sistema educativo no les da oportunidades. La mayoría viene de fracasos y tener clases inclusivas con chicos de otros grados es una experiencia super enriquecedora para todo el campus. Los alumnos que están estudiando en la universidad van a ser los líderes empresariales, si desde un primer momento se dan cuenta que los alumnos son tan válidos como cualquiera, su perspectiva cambiará en el entorno laboral. Son personas con muchas potencialidades, realizan prácticas en empresas y varios consiguen su empleo. El objetivo es que se puedan insertar en el mundo laboral de la mejor manera posible.
Tu trayectoria profesional también se ha cruzado con una experiencia personal muy importante: la maternidad a través de la adopción. ¿Cómo ha cambiado tu manera de entender la infancia y las necesidades de los niños a partir de ser madre?
Con la maternidad comprendes más a la familia que tienes delante, no quiere decir que no puedes hacerlo si no eres madre, pero algo irremediablemente cambia. Nuestros dos hijos vinieron a través de la adopción, la primera internacional, tras una espera de seis años y la segunda una adopción nacional, en otra espera del mismo tiempo.
Cada niño es totalmente diferente al anterior, y cada uno tiene unas necesidades. El ser hijo adoptivo conlleva un bagaje, una historia muy diferente. La espera, incertidumbre, miedos, cómo vincular a un niño con año y medio, el trauma del abandono o cómo son las relaciones posteriores cuando se ha vivido esa experiencia anterior de abandono. Es imprescindible una preparación anterior con formación y lecturas. Vivir esta situación desde dentro, en primera persona, es una experiencia muy enriquecedora y valiosa en el mundo de la docencia y el acompañamiento.
De ahí nació tu primer libro. ¿Cómo surgió la idea de convertir tu experiencia y tus reflexiones sobre la adopción en un cuento?
La espera sirvió para leer, no solo lectura de adultos, sino también literatura infantil. Ahora hay más libros, pero antes no había muchos. Me hice con todos, y cuando llegaron nuestros hijos se los leía para que escucharan las historia y romper esos tabúes de la adopción. La lectura creaba espacios para hablar, les enseñaba que había protagonistas en los libros que están en su situación y de esa manera se normalizaba.
Los cuentos son una manera muy bonita para hablar de cualquier tema. Siempre dije que algún día a Lucas, mi primer hijo adoptivo, le iba a contar su historia. Finalmente la escribí para ellos, y un día les conté este cuento. Lucas, se quedó pensando, “esta es mi historia y me gusta cómo lo has contado, ¿es para mi o para más gente? ¿Se puede comprar este cuento en una librería?” Ahí me quedé pensando, él afirmó que no le molestaría que su historia fuera contada a los demás. Lo presenté a la editorial y les gustó el proyecto, así nació “Cuéntame otra vez cuanto me esperasteis”. Cuando llegaron los libros a casa, lo abrieron, y mi hija preguntaba, ¿y mi historia? Y así llegó el segundo libro “¿Dónde está mi hermana?”. Tras ellos, llegó “Rimas para desenredar un hilo” y “Te perdono” un libro que entra en las emociones profundas de la adopción, el perdón a la madre biológica, un ejercicio para liberar esos sentimientos. No he vendido miles de ejemplares, pero surgieron conversaciones muy interesantes con familias en situaciones similares y recibí muchos mensajes llenos de cariño e historias, esa es la verdadera satisfacción de mis libros.
¿Qué nos puedes contar de próximos proyectos?
Ya se está maquetando el próximo libro “La mejor abuela del mundo” que habla de cuánto quiere una niña a su abuela y lo que significa. Es un libro con muchas imágenes que se comprende muy bien. También acabo de terminar un libro para jóvenes, cuya protagonista es una niña con una discapacidad que escribe un diario en 12 meses y cuenta su experiencia con los amigos, la familia, los padres, los abuelos, cómo se enfrenta al colegio, qué dificultades tiene. Está pendiente de presentar a la editorial, esperamos que guste la idea.
Y para alguien que hoy está pensando en formarse en psicomotricidad, ¿qué le dirías desde la experiencia de todos estos años?
Para todo terapeuta, docente o personas que trabajen con niños y adolescentes la psicomotricidad puede favorecer a acompañar en el desarrollo global. Sirve para comprender mejor a quien tienes delante, escuchar su cuerpo, sobre todo cuando son pequeños. Además, sirve para crear espacios seguros y dejar moverse en libertad. Es una formación que completa a cualquiera que esté en acompañamiento o terapia, sin duda, lo recomiendo.


